Pero son muchos más, Sergey Brin y Larry Page fundaron Google a los 24. Richard Branson fundó Virgin Records a los 22, Zaryn Dentzel tenía 23 cuando lanzó Tuenti, Sean Parker también tenía 19 al fundar Napstar, George Lucas empezó a producir Star Wars a los 27 y 25 años tenía Steven Spielberg al rodar su tercera película y su primer gran éxito. Daniel Langlois, fundó Softimage cuando tenía 25… y hay muchísimos más.
Este no es un fenómeno nuevo, claro. De hecho ha sido siempre así desde siempre pero lo habíamos olvidado. La esperanza de vida ha aumentado tanto en los últimos dos siglos que hemos perdido la perspectiva del término “joven”.
Leonardo Da Vinci pintó “La Anunciación” a los veinte años y a esa misma edad Miguel Ángel ya era un genio reconocido sin ser considerados precoces como Mozart porque, en ese tiempo, 20 años de vida era ya media vida. Era bastante complicado superar los 56, edad en las que no solo ya eras un viejo y sino que además aparentabas ser muy viejo. En esa época las personas normales se iniciaban en el mundo laboral a los 9 o 10 años, superaban el período de aprendizaje a los 16 o 17 y a los 18 formaban negocio, familia, y todas esas cosas que ahora hacemos a partir de los treinta.
Vivimos convencidos de que el conocimiento está en manos de los mayores de 50 y seguramente es cierto, está en sus manos, pero en la cabeza de los menores de 30.
Somos los mayores de 50 los que tomamos las decisiones, pero son esos jóvenes los que hacen la tarea de construirnos el futuro, los que están al frente de la innovación y muchísimo más cerca de la verdad en términos de futuro.
Vivimos en un mundo nuevo, replanteado en tiempo real constantemente y concurrentemente. Nada es ya definitivo y por eso las nuevas ideas, por pequeñas y locas que parezcan se convierten en un éxito y, a veces, hacen millonarios a sus creadores.
Los mayores somos reacios a esos jóvenes porque compiten con ventaja en esta sociedad multicapa. Es curioso observar que, por ejemplo, los bancos son incapaces de atender las necesidades de esos emprendedores pero invierten fortunas - a ciegas - en los fondos de inversión que hacen posibles sus sueños.
Fundar una empresa no es tan complejo ni requiere una gran experiencia ni unos conocimientos excesivamente profundos. Está al alcance de muchos. Lo difícil es gestionar el éxito, eso sí, pero lo hemos visto infinidad de veces en otros jóvenes talentosos del mundo de la música o el deporte que, al tocar la fortuna, se pierden en ella hasta el desastre y la fatalidad. Es el precio que la inmadurez se cobra para aquellos que prematuramente acarician el éxito confundiéndolo con el dinero y el poder.
Si analizamos las características de estos individuos, los que realmente han sabido o están sabiendo gestionar el éxito se observa que todos ellos coinciden en siete aspectos, siete características, siete puntos que se dan precisamente porque son jóvenes y esos siete puntos son los que, con la edad, se van perdiendo, olvidando o abandonando:
- Son Resistentes.
Los jóvenes son más resistentes que los maduros. No hay que dar muchas vueltas a este punto. Eso es válido no solo para los aspectos físicos sino también en los anímicos, en los actitudinales. La resistencia es eso que les hace decir “¿El negocio salió mal? No importa”. Los jóvenes emprendedores encajan mucho mejor el fracaso que los empresarios maduros y experimentados. Y aprenden mucho más y más rápido.
- Tienen una mente abierta y más amplitud de puntos de vista.
La edad lleva consigo el registro de las experiencias y estas condicionan más las decisiones. Nuestro sistema de disonancia cognitiva es el que nos impide cambiar de opinión y nos limita. Cuanto menor es la edad del individuo más alcance tiene su horizonte de miras, más capacidad de soñar y anhelar.
- Tienen menor responsabilidad.
Un joven veinteañero no tiene el mismo sentido de la prudencia que un veterano de cuarenta o cincuenta años. Es obvio. Y eso le pone en una situación de ventaja en la toma de decisiones. Se arriesga más porque no tiene otra cosa que perder que la oportunidad. La gente madura prefiere perder oportunidades a perder su dinero.
- Ponen Pasión y Energía.
No hay que darle muchas vueltas. Los jóvenes son apasionados y enérgicos por naturaleza. Esa energía les permite trabajar más duro y esa pasión llegar más lejos. Son dos características fundamentales cuando escasean los recursos económicos y humanos.
- Son inconformistas.
Su rebeldía natural y su descaro les permite abrir nuevos caminos, explorar donde nadie lo ha hecho y plantear nuevas soluciones. Por eso son los magos de la innovación.
- Tienen disponibilidad.
No tienen horarios ni compromisos familiares ni siquiera hipotecarios. Pueden trabajar todos los días y a cualquier hora sin importarles demasiado el desgaste. Saben nutrirse energéticamente y gestionar su tiempo libre, persiguen su objetivo hasta alcanzarlo porque, créanme, no tienen otra cosa que hacer: Son libres.
- No les importa el dinero.
Ninguno de los que he mencionado en los primeros párrafos de este artículo creyó por un momento que alcanzaría una fortuna personal de miles de millones. Todos pensaron en crear algo nuevo, grande y útil porque lo querían para ellos. Ni uno solo dudó por un instante que lo que hacía era más importante que el rendimiento personal que podía obtener de ello. Buscaban el éxito de su idea y nada más que eso.
Por supuesto que la gente madura, los de más de 40, 50, 60 o 70 pueden crear empresas y llevarlas al éxito a esa edad pero les ayudará más, muchísimo más, si cumplen con estos siete requisitos que, tradicionalmente, están en manos de los jóvenes.
Conozco a emprendedores de más de 80 años que tienen proyectos a largo plazo. Quizás les falten algunas de esas características pero lo que hacen entonces es comprarlas, buscan a gente joven, muy joven, que les ayuden a hacer realidad sus sueños. Y lo hacen porque saben que nada es imposible de imaginar.
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