Es más que curioso el concepto de belleza y cómo nuestro cerebro la almacena. Cómo esa cosa viscosa que tenemos casi todos en la cabeza, almacena un alma, una esencia, como determina que puede ser preciosa y hasta olvida lo que también es o para qué es. (Sí, he dicho casi todos, les aseguro que conozco gente que no tiene eso o si lo tiene no lo usa o la tiene en otra parte del cuerpo, en serio.)
Somos humanos. Y los humanos tenemos algo extraño, algo que no sabemos por qué, es capaz de distinguir entre lo que es bello y lo que no lo es. Sí, es cierto que hay cosas que son bellas para unos y no para otros, pero no hablo de la belleza colectiva, que también la hay, sino de la individual. Lo que cada uno de nosotros consideramos bello. Parece que somos capaces de generar y almacenar unos patrones, unas normas, para que todo aquello que las cumpla pase a ser clasificada como bella. ¿Curioso, verdad?
Existe, sí, una colección de patrones y normas que nos indican que algo es bello o no lo es. En realidad el mecanismo que acciona esta condición es inverso. Es decir, lo que ocurre realmente es que hay una serie de patrones, morfológicos, conductuales y sensoriales, que activan alarmas en nuestro complejo cerebro alertando, con dolor, aquello que le produce molestias, le asusta, le incomoda.
Así que la belleza es, también, la ausencia de dolor. El dolor es una alarma que crea nuestro organismo cuando algo interrumpe la armonía de nuestros sentidos. El dolor es sensorial, existe el dolor de muelas claro, pero también duele ver algo horrendo, oler algo nauseabundo, gustar un sabor asqueroso y también duelen los gritos así como el tacto a ciertas texturas.
Existe entonces una, llamémosle SOSTENIBILIDAD SENSORIAL que permite que esa armonía se mantenga y no nos duela lo que vemos, olemos, tocamos, oímos o saboreamos. Y el dolor de muelas, claro.
En el talk de hoy hablaremos de eso, del dolor sensorial. Pero el encabezado habla de felicidad también. Ahora lo explico por qué.
La felicidad es una meta, un objetivo por todos. Claro. Ingenuamente podemos pensar que “ser feliz” es lo mismo que “estar feliz” pero si lo piensan, si se paran a pensarlo, verán que se puede alcanzar ambas cosas sin tenerlas simultáneamente. Yo soy un tipo feliz, de verdad se los digo. Y me siento feliz todos los días. Diría que SIEMPRE SOY FELIZ.
Pero también sé que no siempre ESTOY FELIZ. Quizás estoy feliz muy pocas veces al día, al mes o al año. No quiero pensar en eso ahora...
A veces las preocupaciones propias, y las ajenas también, ciertos acontecimientos, me provocan estados de ansiedad o malestar, una incomodidad que hacen que, lamentablemente, no pueda decir con claridad y rotundidad “ESTOY FELIZ”. No. Estoy muy lejos de eso casi siempre. Será porque en casa conviven conmigo Pol, Adam, María, Jordan y Montse. Porque mi padres son ancianos, porque mis clientes y mis amigos tienen “problemas”, porque tengo muchas más obligaciones, deberes, responsabilidades que derechos. Quizás porque el futuro es siempre incierto para muchos a los que amo, quizás por esa inmensa colección de quizás.
Es eso, precisamente eso. Los quizás. La felicidad es eso, la ausencia de quizás, la ausencia de miedo. Y el miedo es una fantasía que crea la mente para protegerse de un escenario desconocido, incierto, inabordable, sea esa condición cierta o no.
Así que si conseguimos despejar esas incógnitas, cuando no tenemos esas “sensibilidades” , cuando no tenemos o no nos acordamos de esos “quizás”, conseguimos ESTAR felices.
Bien, ustedes se preguntarán que tiene que ver esto con su profesión.
Pues realmente todo. Ustedes venden belleza y felicidad y he pensado que sería bueno explicarles mi personal visión acerca de lo que significan esas palabras y de cómo diseñar productos y estrategias para que sus clientes les vean siempre bellos y se sientan felices con ustedes.
De esto habla este Talk que he titulado SOSTENIBILIDAD SENSORIAL, palabras acerca de la belleza y la felicida