Una de las características básicas del emprendedor es que sabe hacer bien una cosa: crear un producto e iniciar el negocio.
Una vez empieza a tener éxito o se acerca a él (a los 2 ó 3 años) se siente agobiado, empieza a sentir que ya no es quien era, que no tiene tiempo para serlo, ahora lo ese espacio ocupan sus empleados, las deudas, los retos, responsabilidades y problemas inesperados que no había ni soñado y lo peor es que ya no hace lo que sabe hacer sino lo que toca hacer.
Esas empresas, las llamadas "gacelas", precisan entonces un cambio de rumbo, se les sugiere que inviertan en un nuevo Director General, alguien con la experiencia suficiente para dirigir el buque. Pero son muy pocos los que lo saben - o atreven - hacer. Se necesita un acto de humildad de envergadura, un talento especial que no está al alcance de todos. Además, una de las características de la start-up es que sus dueños tienen sueldos relativamente bajos y no pueden asumir los sueldos de un directivo acreditado.
Entonces es cuando frog+fer actúa.
Frog+fer propone "la tutela". Un servicio de tutelado donde se supervisa la labor de esos ejecutivos por una fracción de ese sueldo.
El objetivo es acompañar al emprendedor en el proceso de crecimiento durante, más o menos, 18 a 24 meses, en sesiones presenciales periódicas en la misma empresa, con su misma gente, y luego "soltarlos".
En frog+fer los servicios de "tutela" se ofertan directamente a los propios emprendedores y a los fondos e inversores tradicionales (Business Angels, Fondos de Capital Riesgo, Banca, Instituciones, Escuelas de Negocios y Universidades) para que hagan la prescripción.
Esta forma de entender la tutela está dirigida principalmente a emprendedores jóvenes, en especial a aquellos que precisan crear valor a su empresa, a sus productos y a sí mismos adquiriendo actitudes de liderazgo empresarial. |